Ford Torino
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Ya casi acabando el año y se han cumplido o no, metas y objetivos del 2009. Ahora todas las miradas y la energía de la industria están puestas en el año 2010. Por supuesto contemplando el escenario económico que será determinante para los resultados del sector motor mundial, unos fabricantes mejor parados que otros, como el grupo Volkswagen, el gigante alemán del motor quien, gracias a su visión del negocio, no sólo ha sabido sobrevivir con éxito al azote del temporal llamado crisis, sino que ha sabido y ha entendido que el secreto del éxito para un fabricante de automóviles está en la diversificación y en el desarrollo de varias marcas –independientes entre sí- pero que están internamente lo suficientemente vinculadas para compartir tecnologías, plataformas, partes y piezas para reducir los costos de producción, aplicando esquemas de economía en escala, pero manteniendo la suficiente independencia de estilo y económica que le permiten modificar niveles de producción de acuerdo a segmentos de mercado muy específicos.

Ahora, esta no es una técnica nueva, tenemos el ejemplo de General Motors o de Ford, ambas grandes compañías del motor de los Estados Unidos, pioneras y líderes mundiales en tecnología, ventas y resultados durante los largos años que van desde la posguerra, la de los lejanos 50´s del pasado siglo, hasta la posguerra de Vietnam. Grandes compañías que manejaban una cantidad importante de marca asociadas al grupo principal y que no tenían competidores de peso, no al menos dentro del gigantesco mercado norteamericano, donde tener un coche es parte del “american way of life”.

¿Por qué ahora en el 2010, estos grandes, los tres grandes de Detroit han fracasado?; o quizás no debiera hablar de fracaso, sino que han cerrado un ciclo en el que imperó un modelo de negocio, un esquema productivo que ha mutado, que ya no existe. Y esto se debe a que el mundo ha cambiado y también las personas que compran coches.

En los ya lejanos 70’s los coches que se producían eran grandes, enormes mejor dicho y en todo sentido; de tamaño de consumo, de potencia… La gasolina era barata y el calentamiento global no existía.

Volviendo al tema de las multimarcas, el concepto en sí es simple, construimos automóviles de distintos tipos dirigidos a distintos segmentos y los vendemos como marcas diferenciadas entre sí. Lo que olvidó Detroit, o que no supo desarrollar fueron dos cosas: La primera, compartir elementos y tecnología. Un vehículo marca Ford no tiene nada que ver con un Volvo, pero Audi provee motores a Porsche, ambas marcas Premium de la casa Volkswagen, aunque el resultado final sean dos automóviles totalmente distintos entre sí y cada uno o dirigido a distintos segmento de mercado o incluso se da la paradoja que compiten mano a mano por las ventas en un mismo segmento y como modelo de negocio es brillante. Siempre el dinero llega al mismo fabricante.
Y el otro factor que olvidó la otrora poderosa industria del motor estadounidense, quizás no debiera ser –nuevamente- tan extremo como para catalogar de olvido, ya que hablamos de su mercado, del perfil de las personas que compran autos en Norteamérica, para quienes la imagen habitual de un auto es la del modelo grande, potente y gastador; tendencia que si bien ha tendido a modificarse, debido al cambio de preferencias de los consumidores se mantiene viva en espíritu y esencia en las grandes camionetas y todo terrenos que continúan saliendo de las plantas.

Pero ahora, más que nunca, vemos que está naciendo un nuevo perfil de usuario, más tecnológico, con mayor conciencia ecológica, ciudadanos que ven como se convulsiona la economía, la de ellos y la de todo el mundo, en la que los parámetros de economía, eficiencia energética y bajas emisiones contaminantes predominan por sobre los antiguos cánones. Una sociedad que comienza a demandar nuevas tecnologías, alertada por la inminente crisis energética y ambiental. Cambia la tendencia, cambia el modelo, cambia el perfil.

Estamos ad portas no sólo de nuevas generaciones de automóviles, los más avanzados tecnológicamente jamás construidos, autos inteligentes, amigables, económicos y… más pequeños. La penetración de los autos compactos, desde los primeros modelos japoneses a la fecha ha sido imparable y seguirá. Estamos próximos a la irrupción de nuevos city-cars. Coches pequeños, eléctricos que convivirán con motores de combustión y autos híbridos, mientras se desarrollan tecnologías eléctricas más eficaces; especialmente en lo relativo a las baterías; tiempo de carga y autonomía.

Está cambiando el paradigma del mercado automotriz de los Estados Unidos; los consumidores ya no sueñan con los grandes Ford Gran Torino de antaño, el Fiat 500 se está convirtiendo en un súper ventas en el 2009 y aún habrá coches más pequeños.

El principal problema para la masificación total de los coches compactos y los city cars en Estados Unidos es de naturaleza económica , pese a todo el cambio de mentalidad de las consumidores, aún queda en el inconsciente colectivo que un coche pequeño tiene que ser barato y a veces no los es tanto, especialmente si pensamos en los nuevos compactos europeos como el BMW X1, el Mini y el Premium Audi A1 que el mundo conocerá en el próximo Salón de Ginebra, pero cuya comercialización en el mercado estadounidense aún no está clara, precisamente por el factor precio.

Quizás esta es la oportunidad de refundar la industria del motor en Estados Unidos en el siglo XXI, crear los Ford T del nuevo milenio, pequeños, tecnológicos, limpios y baratos; aprendiendo además el truco del desarrollo de varias marcas, pero con elementos compartidos, nada nuevo bajo el sol.

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